lunes, 24 de diciembre de 2007

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Hoy me apetece ser princesa.

De cuento de hadas.

Con un vestido en color pastel. Con mucho tul. Por debajo de la rodilla, por supuesto.

Una princesa de cuento. De esas de mírameynometoques.

Se perfectamente por qué me apetece esta noche. Pero no lo voy a decir. Porque el cuento lo escribo yo.
Pasan de las doce y estoy calzada.

Las princesas de cuento son etéreas. Asexuales. Adorablemente bonitas. Sin más. Como un Sorolla. Las miras, las miras y siempre tienen una sonrisa. Lacada. Y un pajarito cantando.

No llevan vaqueros y converse all star.
Nunca tienen flequillo. Ni el pelo rizo.
No usan pintalabios.
No tienen por qué saber hacer nada en especial. Son princesas y punto.
Nunca hacen preguntas. Ni tampoco toman decisiones.
Llevan historias lineales. Que siempre terminan bien.
Siempre salen montadas en algún caballo. Y nunca a horcajadas.
No se depilan las piernas. Porque una princesa con pelos no es princesa.
No se meten en la cama del príncipe. O al menos eso nunca se ve. Porque no es decoroso.
Todo lo arreglan cantando.

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Yo nunca podría ser princesa. Ni tan si quiera de esas de palo. Me darían un papel secundario. De hermanastra de poca monta. De bruja del cuento. Nunca de la tierna e inocente niña.

Y yo... reivindico mi inocencia.
No me gusta caer en camas ajenas. No caigo. A veces me tiran.
Me gustan las faldas por la rodilla. Con mucho tul.
No hago preguntas. Lo cual me lleva al más auténtico caos.
Me gusta comer. Las princesas no comen.
A veces se me pone un nudo en el estómago. Duele.
No puedo llegar a su hora a ningún sitio. Jamás.
Me gusta mojarme.




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Y ahora, así, sin más.
Decido no decidir.




Y yo, ¿por qué iba a querer algo así?

-Toma mi tiara y métetela por donde te quepa. Grandísimo hijodeputa

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